POLÍTICOS DETRÁS DE LOS CARGOS
De carnicera y peluquera a intendenta: una historia de transformación en Obispo Trejo, Córdoba

En el interior del departamento de Río Primero, Silbia Mansilla encontró su inspiración como funcionaria pública en el legado de sus padres. Tras décadas de militancia, trabajos rurales y un despegue como peluquera, cumplió su sueño y en 2019 se convirtió en jefa municipal. Recientemente ratificó su mandato y busca acelerar distintas transformaciones en la ciudad.

Silbia Mansilla, Obispo Trejo.

En Obispo Trejo (Córdoba, Argentina) habitan menos de 3.000 personas. Con una marcada impronta agrícola, para algunas personas puede parecer un paraje pequeño, pero a los ojos de sus localidades vecinas es todo un pueblo grande. Al menos así siempre lo vio Silbia Lorena Mansilla, que creció a pocos kilómetros en la comuna de Maquinista Gallini, que tiene apenas 100 residentes. 

Su historia en la política comienza allí, durante su juventud temprana. “La Silbia”, como la conocen en su tierra, creció viendo la participación de sus padres, que fueron presidentes comunales. “Si bien me crié en el campo, yo sabía que quería militar en un pueblo más grande. Entonces me cambié de domicilio a Trejo y empecé a hacerlo”, cuenta a +COMUNIDAD.

Tras sortear una serie de derrotas, Silbia ganó la intendencia en 2019 (por el espacio de Hacemos Unidos por Córdoba) y renovó su mandato en las elecciones de 2023. Su trabajo como peluquera le permitió conocer y escuchar a muchas personas, e incluso hoy algunas de ellas forman parte de su equipo. Cada vez que puede, mantiene activa su profesión, a la que define como su “gran pasión”. 

A lo largo de la entrevista, la jefa municipal de Obispo Trejo repasa las dificultades, las frustraciones y las satisfacciones que le ha dado su recorrido en la política. También reconoce sus fortalezas y debilidades, y destaca las transformaciones en el pueblo que –a su criterio– “levantaron el ánimo general”. “Yo no quiero que la gente se vaya o tenga que recorrer grandes distancias porque no tiene oportunidades acá”, afirma.

Ubicación de Obispo Trejo.
Ubicación de Obispo Trejo en Río Primero, Córdoba, Argentina. Fuente: Open Street Maps. 

– ¿Cómo nace tu interés por la política? ¿De dónde viene tu inspiración para llegar a ser intendenta? 

– Mi papá era presidente comunal en Maquinista Gallini, un pueblo muy chico en el norte de Córdoba, cerca de Obispo Trejo. Es una comunidad de menos de 200 electores. Yo crecí escuchándolo y viendo lo que hacía. Él falleció a los 45 años en un acto político, mientras daba un discurso en pleno escenario para ir por la reelección. Mi mamá lo reemplazó y yo empecé la militancia política a los 17 años. Siempre los he acompañado y me ha inspirado sus formas de ser; eran personas muy solidarias con la gente. De hecho, vengo de una niñez en el campo donde siempre nos ayudamos entre vecinos. Y tal vez eso fue lo que después, ya de grande, me movió a estar en la política. Porque cuando crecí vi que era una herramienta muy importante para transformar los pueblos y lograr que la gente tenga más oportunidades. Entonces empecé a militar, acercándome a la gente y recorriendo el territorio. Pero no con la idea de ser intendenta algún día, hasta que un día entendí que si de verdad quería cambiar algo, debía llegar a serlo. No quería ser empleada o tener un puesto político, no, no. Todo lo contrario.

– ¿Y cómo llegaste a la intendencia de Obispo Trejo?

– Si bien me crié en el campo, yo sabía que quería militar en un pueblo más grande. Entonces me cambié de domicilio a Trejo y empecé a hacerlo. Primero conociendo a la gente, ayudando con trámites, realizando gestiones. Es una comunidad donde vive mucha población vulnerable, y siempre hicieron falta muchos recursos. Y así fue hasta que un día dije “me siento preparada; voy a ser candidata en la próxima elección”. Para mucha gente fue una sorpresa porque no sabían que yo tenía domicilio ahí. En el espacio en el que militaba, en el peronismo, me aceptaron porque de hecho no había un candidato del partido. Había fallecido el intendente que venía de ganar en cuatro períodos. 

Primero encargué una encuesta. Me daba que perdía por muy pocos votos. Llegaba mucho mejor entre las clases populares, no entre la clase media y alta. En el medio me pasaron muchas cosas en mi vida privada. También debía enfrentar una idiosincrasia machista arraigada en el norte de Córdoba. Era duro como mujer, pero igual decidí presentarme en las elecciones de 2011. Había un poco más de 2.000 electores en Obispo Trejo y perdí por 119 votos.

Obispo Trejo.
Espacio público en Obispo Trejo.

– ¿Y cómo continúa la historia? Pasaron las elecciones de 2011, después de las de 2015 hasta que finalmente en 2019 ganaste. 

– En ese momento yo estaba trabajando como carnicera. Siempre me dediqué a las tareas duras de campo. La gente me conocía de andar en las chacras, de faenar, de vender animales… Y un poco eso se traducía en que se viera en mí la capacidad de administrar un municipio, de trabajar con empleados, de estar al frente. Yo visitaba los campos, los barrios, sin importar si eran peronistas o radicales; de hecho no lo sabía. Quería hacerle llegar mi propuesta a todo el mundo. Y si bien perdí, sinceramente yo me sentía ganadora. No había punteado padrón, no tenía un gran equipo y todavía había gente en el partido que estaba algo renegada de que yo fuera la candidata. Pero sentí que muchas personas apostaron por mí, y eso me impulsó a seguir. Entré como concejal en el municipio, y trabajé en muchos proyectos con el intendente a pesar de ser de distintos partidos políticos. 

En 2015, cuatro años después, se genera una interna en mi espacio político. Yo la pierdo y me hago un poco atrás, así que ese año no fui candidata a intendenta. Decidí seguir militando, siempre pensando en que algún día llegaría. Ya desde 2011 me dedicaba a la peluquería, y en ese momento empecé a trabajar hasta 12 horas diarias. Sabía que necesitaba más plata para llevar adelante la militancia, y sólo yo me lo bancaba. También ese año me separé porque no es fácil estar en política y en pareja. Necesitaba tomarme un tiempo, dedicarme a mi trabajo y recorrer más el territorio. 

– Ser peluquera en un pueblo te permite conocer y conversar con mucha gente. ¿Se convirtió en un espacio para hacer política? 

– Bueno, entre 2015 y 2019 pongo mucha más atención a este trabajo y escuchaba lo que opinaba la gente. Era como mi termómetro social. De hecho, mis candidatos a concejales en 2019 fueron clientes de la peluquería. Eran personas que se quejaban, pero que no se involucraban ni participaban. Me decían: “Silbia, tenés que volver a presentarte”. Y yo les respondía: “Claro, es fácil así si no me acompañan”. Y charlas de por medio, fue así que nacieron dos candidatos de ahí. No sabía de qué color político eran, simplemente los invité. 

Y así, ya para las elecciones de 2019, las encuestas no me daban mal. Armé el equipo, junté 20 personas para armar una lista y avanzamos. Éramos personas que sentíamos que el pueblo no se desarrollaba. Yo misma me preguntaba: “¿Qué hago acá?” Pero no quería ser “cómplice” de lo que estaba pasando. La salida más fácil era irme, pero no quería. Y sentía compromiso con muchas personas. Incluso gestioné proyectos con pequeños productores para crear defensas y evitar inundaciones. Y así se dio, en esa elección gané por 226 votos. 

Silbia recibió su primer diploma como intendenta municipal en 2019. 

– ¿Cómo te imaginabas que sería ser intendente y cómo resultó la experiencia? 

– Todo lo que yo sentía afuera es todo lo que hoy vivo adentro. Es un trabajo de 24/7 que requiere muchas horas de dedicación. Tiene que ser con alta vocación de servicio y hay que tener muy en claro qué es lo que se quiere. Justo comenzamos con la pandemia y la crisis económica, y a pesar de todo eso, no me canso. Al contrario, me entusiasma ver al pueblo más lindo y a la gente más contenta. Los espacios públicos están embellecidos, tenemos nuevas plazas y pudimos gestionar la llegada de la Universidad Popular. Hay muchos talleres, capacitaciones y concursos. El servicio de salud está más a nuestro alcance y con mejores recursos. Yo no quiero que la gente se vaya o tenga que recorrer grandes distancias porque no tiene oportunidades acá. Todas mis acciones van por ese lado. 

Yo hoy siento que el municipio está al alcance del vecino. A cualquier hora la gente me llama como si fuera “Doña Chola” del negocio de la esquina. Es como que una pasa a ser la “madre de todos”. Disfruto que la gente esté tranquila a pesar de todo lo que pasa en el país. Por suerte no estoy teniendo problemas en mi pueblo. De hecho, hemos logrado que la gente cuide lo que es de todos. Descubrí que el ánimo social venía muy bajo por la clase política, y ahora es diferente.

– ¿Cómo fue la transición de gobierno cuando ganaste en 2019? ¿Y entre la peluquería y el municipio?

– Hoy sigo haciendo peluquería cada vez que puedo. Cuando sos intendenta electa, lo primero es creértelo. La transición fue larga, porque la elección fue en abril y asumí en diciembre. La viví tranquila, buscando el diálogo con el intendente saliente, haciendo pedidos de informes con los asesores. Lamentablemente no conseguí respuesta de todo lo que pedía. También fue un poquito duro dentro de mi mismo espacio por el armado del gabinete. Yo soy una persona de trabajar con gente que me inspire confianza. Seguí trabajando en la peluquería, haciendo como un monitoreo de las opciones. Y tuve la libertad de elegir libremente a pesar de algunos enojos, sobre todo porque yo me banqué la campaña sola. No hubo sponsor que pusiera la plata. Siempre pensé en esta forma de hacer política con los propios recursos. De hecho, vendí un departamento para pagar la campaña. Todo eso me dio la libertad de elegir los secretarios, sobre todo en puntos estratégicos como Salud, Gobierno y Finanzas. Hasta el día de hoy siguen las mismas personas, y la verdad que trabajan con tanta honestidad y compromiso que todo puede funcionar aunque yo faltara una semana.

“La Silbia” y parte de su equipo en Obispo Trejo. 

– ¿Cuáles dirías que son tus fortalezas y debilidades como intendenta? 

– Mi mayor debilidad es que a casi todo me sacan el “sí”. Pero mi fortaleza también es decir las cosas como son: qué se puede, qué no y por qué. Porque hay que cuidar mucho la administración. Muchos me dicen que tengo cabeza de empresaria. Hasta el día de hoy no he tenido que sacar nunca un crédito para pagar sueldos. Nos manejamos con lo que tenemos. El municipio da muchas oportunidades, pero siempre advierto de que si damos todo va a llegar un punto en el que no podremos sostenernos. También soy una convencida de que tenemos que producir y fomentar el trabajo. De hecho, hoy hay un proyecto importante de producción de flores en Obispo Trejo.

Como fortaleza también destacaría la capacidad de escuchar y contener a la gente. Muchas veces llegan enojados a la Municipalidad por alguna situación, y con diálogo ya cambian. También mantenemos conversaciones con personas de localidades vecinas. Creo que pasa por la personalidad de cada uno. Yo nunca me sentí menos que el hombre; me siento igual. Así que si tenía que subir a un tractor o barrer una calle, nunca tuve problema. 

El proyecto “Obispo Trejo Florece” recibió atención internacional. Foto: Ramiro Pereyra / El País. 

– Recientemente fuiste reelecta. ¿Cómo empezás este nuevo período?

– Por suerte, siento que la peor parte ya la pasé. Ahora qué mejor que tener ratificado el mandato para continuar nuestro rumbo. Apostamos mucho al desarrollo de nuestra localidad, desde las obras hasta las cuestiones humanas. Tras más de 40 años, el tren volvió a Obispo Trejo. Tenemos un proyecto súper avanzado para crear un polo logístico e industrial. Ponemos el foco en lo social, en las oportunidades. También se trabaja por primera vez con personas con discapacidad mediante un equipo de profesionales. Tratamos de generar accesibilidad en los espacios públicos, de aumentar la escolarización. ¿Qué queremos cambiar si no trabajamos con una sociedad tan diversa? Yo sé que de aquí a cuatro años no podré ser candidata nuevamente, pero quiero que mi pueblo salga adelante.

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Imagen principal: Instagram de Silbia Mansilla.
Redacción +COMUNIDAD